Los finalistas, uno por uno
No pudieron superar a Male pero tuvieron su protagonismo en la casa. Juan sorprendió con su especial carácter pero pagó precio por su constante neutralidad. Mariela llegó más lejos de lo que parecía, mientras que al inteligente Sebastián no le perdonaron su alianza con los Pollitos.

El juego consagró a Marianela como la legítima vencedora, pero cada uno de los finalistas tambièn puso lo suyo para llamar la atención del público, que es siempre el gran juez de esta historia.
El cordobés Juan de movida cautivó a los televidentes con su carácter tímido y bonachón, pero muchos le reclamaban mayor participación y compromiso con el juego, cosa que al final es probable que haya terminado perjudicándolo.
Para muchos Mariela superó las expectativas iniciales, y con un astuto manejo del juego llegó hasta las últimas instancias, pero su personalidad irascible generó muchos detractores del otro lado de la pantalla.
El cuarto Sebastián, demostró mucha sagacidad e inteligencia para cambiar en el momento preciso, pero nunca se pudo despegar del todo de los tan mentados Pollitos, muy odiados por la mayoría de la gente.
Juan, el tímido
Estuvo hasta el último instante con chances de llevarse el juego, pero al final no le alcanzó. El chico oriundo de Córdoba, estudiante de medicina y asistente en cirugía ginecológica asombró con su timidez y bonomía y su participación produjo un quiebre en la historia de Gran Hermano.
Es así como de entrada el cordobés se sintió siempre muy presionado a la hora de las nominaciones. El chico odiaba esa parte del juego y aseguraba que no tenía razones para dar un voto negativo a ninguno de sus compañeros.
Fue entonces que Juan fue el primer participante de todos los ciclos en guardar silencio en el confesionario, dejar correr el tiempo y de esta manera autonominarse.
De su inteligencia y habilidad nadie duda, y lo demostró con creces a aquella vez que le tocó diseñar y fabricar ropa y se llevó el premio mayor ante el jurado de especialistas.
Pero su poco compromiso ante los conflictos más graves de la casa, y su repetidad neutralidad fueron factores que empañaron su imagen ante la gente.
Es que el cordobés es así, no compuso un personaje. Con sus buenas y malas mostró lo que es, y de alguna manera también ganó.
Mariela, la jugadora
Cuando entró en la casa, pocos podían verla en la semana final. Sin embargo la salteña en base a inteligencia y perspicacia se instaló entre los mejores, a pesar de su carácter demasiado irritable.
Fue la única participante femenina que vivió dos historias de amor dentro de la casa y casi consecutivas. Primero se enganchó con Jonathan, tras asistir a las constantes quejas de su entonces amiga Jessica, quien no encontraba consuelo para la indiferencia del pelilargo.
Eso le valió más de un conflicto, y hasta vivió un triángulo que le dio varios dolores de cabeza.
Pero salió de uno para entrar en otro cuando la acogió en sus brazos el ambiguo Leandro, quien le repartía sus mimos entre la salteña y Sebastián.
Pero seguramente será recordada por su intempestiva personalidad, de rápidas reacciones a la hora de abrir frentes y conflictos al por mayor. Pero si hay que darle crédito a la morocha es su verdadera frontalidad. Siempre fue directa con el resto de compañeros y eso la gente lo premió.
Jugó hasta donde pudo o la dejaron, y dejó el brillo de alma impactados en las paredes de la famosa casa.
Sebastián, el cerebral
Fue el primer nominado del ciclo y aún así llegó hasta la última semana del ciclo. Quién no tiene en su retina la imagen del pibe de Luis Guillón atendiendo la fatídica llamada de la autoridad de la casa.
Además en sus primeros días también hizo una gran revelación a todos al confesar su homosexualidad, situación que a decir de sus palabras le sacó presión ante sus mismos compañeros.
Fue así que tempranamente se agrupó en el bando más concurrido de la casa, aquellos que después se ganaron el apodo de Pollitos de Nadia. Fue paradójica esta situación, porque este bando llegó a dominar casi a voluntad las nominaciones, pero no lo hizo con inteligencia.
A las "placas" llevaban casi rutinariamente a Marianela y a Mariela, dos enemigas del grupo, pero nunca las colocaron juntas. Y así la gente tomó partido y fue eliminando uno por uno a los integrantes de la alianza más grande del hogar.
Si de amores se trata, a pesar de que nunca llegaron a más, Seba tuvo en Leandro una perturbadora compañía. Pero su histeriqueo terminó generando sentimientos encontrados en Sebastián.
Luego de la salida de Leandro, el chico gay de la casa volvió a concentrarse en el juego y decidió reagruparse a último momento.
Inteligentemente se despegó un poco de los últimos Pollos, y manifestó a viva voz las ganas de terminar con los bandos.
Pero no le alcanzó para llegar más lejos y se tuvo que conformar son el cuarto puesto final.